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En la salida del aeropuerto habrá varios taxistas tratando de cobrarte fortunas. Regateá duro, juntate con otro viajero ocasional y compartí el viaje de unos 15 kilómetros hasta el centro. Unos 10 dólares por persona sería razonable. Alojamiento: No es de lo más baratos, pero el Hotel Mustafá es de los mejores, está bien ubicado y si vas en invierno cuando hace 20º bajo cero, tener agua caliente será un lujo. Chicken Street es la principal avenida y desde ahí cerca está la estación de buses para ir a distintos pueblos o ciudades cercanas. Hay otra opción para ingresar al país de Asia Central y es por el paso de Kyber, pero no siempre está abierto. No vayas a Kandakar, al sur, esa zona si es riesgosa! Algunas palabras que te pueden ayudar a comunicarte en Dari, su lengua original pueden ser: Hola (salaam aleykom), Yes (bala), No (na), Adiós (bamaane khodaa), Por favor (lotfán), y gracias (tashakor). Compartir una taza de te por las calles afganas es una buena manera de establecer contacto con los locales. Ah! miles de ONG están dando una mano en reconstruir el país. Podes sumarte a alguna de ellas con un voluntariado. Shelter for Kabul puede ser una opción y hasta hace poco tiempo había un argentino en el equipo de trabajo.
Irán: entre los 61 países que recorrí hasta 2014, lo pongo en el número 1 como el destino más HOSPITALARIO. Que te inviten a sus casas, que te quieran dar de comer, que te regalen plata, o cualquier otro obsequio es algo muy común. Hacer dedo es súper fácil y los tiempos de espera en general son cortos. Visado: se puede tramitar por internet. De esta forma, es un poco lento, sí, pero te da la posibilidad de elegir en que país retirarla. Allá por 2010 cuando Siria estaba en tiempos de paz, pude recogerla en la embajada iraní en Damasco. Hoy en día una opción podría ser en Jordania (Amman), o en Turquía (Estambul). No se consigue en los pasos fronterizos. Irán es fascinante desde el norte (donde se puede hacer esquí o snowboard) y en el mismo mes de enero nadar en las playas del Golfo Pérsico. Es relativamente barato (no como India, claro) y no se gasta mucho en transporte o si comés en la calle. Hay mucho Couchsurfing, en especial en Teherán. Si estuviste en Afganistán antes, seguramente varias de las palabras que aprendiste allá las podrás aplicar acá. Si recorriste la ruta central de Irán podés continuar hasta el paso fronterizo de Taybad y pasar a Afganistan. La primer gran ciudad afgana será Herat. Que ver: Además de la capital, Yazd, Isfahan, Bandar Abbas, Shiraz, Qom, y Persépolis!
Irak: Qué escuchamos de Irak? De su guerra con su país vecino (Irán), de la caída de regímenes políticos y atentados. De Bagdad y sus saqueos. Pero…hay otro Irak, el del norte. Como bien titula la película Las Tortugas también vuelan de Bahmam Ghobadi. La visa se obtiene ni bien se cruza un enorme cartel que dice Región Autónoma del Kudistán Irakí. Se entra desde el sur de Turquía a Zakho, ya en Irak. Un par de preguntas de rutina, 20 dólares y se obtiene un permiso para viajar por el norte de Irak por 10 días (es renovable en Arbil). En invierno las montañas están sin el verde intenso que caracteriza a esta región, por eso es mejor evitar los meses de dic-enero y febrero (el frío). Atención: viajar en taxi por estas rutas es CARÍSIMO! Por 50 km me quisieron cobrar 100 dólares, que obvio nunca pagué. Se puede hacer dedo pero hay que ser claro y confirmar que no habrá propina (salvo que uno quiera dar algo) si ese es el modo de viaje. Más de uno puede dar el ok y después pedir varios dólares a cambio. Evitar ciudades como Mosul, Bagdad, Kirkuk o Basra. Viajar hasta Suleimanya es seguro. No dejes de recorrer el famoso río Tigris, el pintoresco pueblo de Amadiya y la ciudadela de Arbil. En estos días (junio de 2014) la capital iraki estaba un poco convulsionada por atentados y muchos se refugiaron en Arbil la capital del kurdistán. Al igual que Irán y Afganistán, lo mejor es perderse por los mercados callejeros y aceptar un poco de te que ofrecen los locales.
Por cualquier duda sobre visados confirmá en este site: http://www.visados.org
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Viajar por Medio Oriente puede resultar interesante y aun más, cuando uno se propone descubrir la otra cara de Irak. El que no sale en los medios. La idea es atravesar el sur de Turquía e ingresar al país por el norte, lo que se conoce como Kurdistán Iraki. Los kurdos son un pueblo de 12 millones de personas que no tiene fronteras propias en el atlas, sino que se esparcen entre las de Irak, Irán y Turquía. Silopi es un pequeño pueblo turco con gran movimiento. Lógico de entender, ya que está a tan solo diez kilómetros de la frontera con Irak. Hasta el mismo cartel de “Bienvenidos a la Región Autónoma del Kurdistán Iraki” llego haciendo dedo en un camión tan antiguo como la historia del país que tengo a mis pies. Mi mente viaja más allá del visado que pretendo obtener. Imagino distintos paisajes, rostros o pueblos aun no recorridos cuando una voz ronca grita mi nombre. “Tiene mapa de Kurdistán?” a lo que respondo con un breve si en persa mientras mi corazón empieza a latir aceleradamente. La segunda pregunta es si me gusta el fútbol. Después de ese breve interrogatorio el sello con permiso para diez días está otorgado. Un viento fresco me empuja para seguir avanzando. Pero toda mi adrenalina por seguir haciendo dedo se me escapa entre las manos cuando me obligan a tomar un moderno taxi Toyota, único medio de transporte ya que acá no hay transporte público.
Llegamos a la capital cuando son la siete de la tarde y la ciudad se sumerge en una oscuridad total. Sus calles vacías con los negocios cerrados se asemejan a un sitio abandonado. Guía en mano encuentro el Hotel Kandeel. La recepción está llena de pósters de jugadores de fútbol de Europa y en el medio, una imagen de La Meca, Arabia Saudita. Mi habitación tiene el privilegio de mirar hacia la ciudadela antigua. Me despierto a la madrugada con las oraciones de Allah y no tengo más opción que resignarme a levantar. Salgo en busca del mercado, lugar ideal para hacer amigos locales y tomar un desayuno digno. Puedo comprobar por mi mismo lo seguro y tranquilo que es caminar entre la gente. Mi camiseta de Argentina y dos cámaras de fotos colgando obviamente no pasan desapercibidas. El mercado de Barghan es una mezcla de objetos robados, encontrados o regalados vaya a saber por quienes. Mientras camino un vendedor de alfombras me grita algo desde la vereda de enfrente. Hago gestos de no entender y me muestra una taza de te. Minutos más tarde estoy rodeado de varios irakies curiosos observando como tomo esta simple infusión. Algunos me ofrecen dulces, otros una sonrisa. Los más extrovertidos me piden una foto. Sigo mi recorrido por una avenida impecable donde las 4 x 4 juegan a hacer desfiles improvisados. Me llama mucho la atención la cantidad de autos y camionetas último modelo. Sin lugar a dudas esta fue la primera impresión del otro Irak. El ajeno a las bombas y secuestros. Todo está en vías de construcción y desarrollo por primera vez en años. Al final de la avenida se levanta una de las mezquitas más hermosas de la ciudad al mejor estilo de Dubai.
Salgo nuevamente a la ruta y miro al infinito. Las montañas del Kurdistán me acompañan en un camino bastante tranquilo. Escasos minutos más tarde una familia detiene su auto y ofrece llevarme hasta Rawanduz, mi próximo destino. Allí aprovecho para recorrer la zona rural. El alma del pueblo irakí Me resulta fácil hacer amistades con la gente pues los turistas rara vez llegan hasta estos lugares. Un poco en inglés, en persa o en árabe, el cual estudié unos meses, me ayudan a comprender su estilo de vida. Mientras recorro la famosa Hamilton Road soy detenido por los Peshmerga, policía local para registrar mi pasaporte. Como siempre Maradona y Messi son el puente que une al decir I am from Argentina.
Mientras espero algún taxi o camión para seguir a dedo los policías se acercan y me invitan a comer. “Usted es nuestro huésped”, repiten una y otra vez. Tardo unas dos horas en recorrer los 23 kilómetros que me separan hasta el pueblo de Amadiye. La ruta en forma de espiral está rodeada por montañas que rara vez salen en los noticieros. Este paisaje es el escenario donde se rodó la película kurda “Las tortugas también vuelan”, donde un grupo de niños se ganan la vida vendiendo minas antipersonales a la ONU que ellos mismos extraen y consideran buena noticia la llegada de las tropas americanas a Irak para liberarlos del régimen de Sadam Hussein. Nuevamente soy detenido, pero no por la policía, sino por una familia que solo busca brindarme su hospitalidad. Y allí me quedo varios días hasta seguir nuevamente mi viaje por Irak.
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