Desde el día que conocí a Lucila que me hablaba de este lugar. Su comentario era breve pero intenso: “Es mi lugar en el mundo”. Para alguien que recorrió más de 40 países y nació en Brasil, no quedaban dudas de que tendría que ser increíble. Pero me puse a pensar que la gente siempre hace el mismo comentario cuando le gusta mucho un destino, especialmente si está marcado por su infancia o la adolescencia.

Esto es lo que me prometían ver si iba a la Ilha do Mel. Era verdad!

Cuando llegamos a Curitiba, era fines de diciembre y las única preocupación era saber si pasábamos Año Nuevo en Guaratuba, un lugar de playa ubicado a unas 2 horas de auto. Después vinieron otros paseos, entre ellos fuimos a Florianópolis, algo así como la sucursal de Argentina durante los meses de verano. Ahí nos encontramos con amigos, algunos de Buenos Aires y otros que había conocido por el mundo. El tiempo fue pasando y un día nos dimos cuenta que nos quedaba una semana antes de volver. Era nuestra última oportunidad.

Senderos que llevan a varios lados, entre ellos hacia la Fortaleza Iguatemí

En todo el trayecto de 10 km (entre ida y vuelta) vimos solo un bote

Para llegar hasta la Ilha do Mel, o mejor dicho a Grajagan, el hospedaje que nos iba a recibir, viajamos 110 km en auto, después tomamos un barco, y finalmente caminamos por un sendero unos 20 minutos. Tal vez lo mejor de todo, fue viajar entre semana, cuando hay un puñado de turistas locales y ver extranjeros es una casualidad.

Soledad absoluta en una de sus tantas playas

La Isla de Miel, como se dice en español, tiene tres atracciones principales que son: El faro, la fortaleza Iguatemí y una cueva. Hicimos las dos primeras a pesar de quedarnos dos días. No bien dejamos las cosas en la habitación nos fuimos caminando hasta La Fortaleza Nuestra Señora de dos Placeres. Nos es una distancia larga, apenas 10 km entre ida y vuelta, pero por el calor y estar en ojotas, antes de llegar ya nos dolían las piernas. Creo que nos dejamos llevar por la emoción y por eso no aceptamos las bicicletas que nos prestaban.

Este es otro faro, más pequeño, ubicado sobre una roca en el mar…

Mientras uno bordea la costa que va desde Playa dos Istmos hasta Playa Fortaleza, lo único que se ve es arena y un poco de vegetación. O tal vez algún que otro bote, un par de pescadores y como mucho dos puestos para comer y tomar algo. Creo que sentirse en la nada misma fue lo que más nos gustó.

En la fortaleza nos encontramos con un guardia en una sala donde se exponen fotos de aquellos días gloriosos (entre 1766 y 1777). Hablaba despacio, como queriendo ganarle al tiempo, y gracias a él aprendimos por qué –supuestamente– la isla se llama de miel. Entre varias teorías posibles nos contó lo siguiente:

√ Antes de la Segunda Guerra Mundial el lugar era conocido coma la isla del Almirante Mehl, quien se dedicó a la apicultura y cuya familia frecuentaba la isla.

√ Marineros retirados vivían en la Isla y se dedicaron a la apicultura, produciendo una cantidad de miel bastante significativa a punto tal de conseguir exportar el producto hasta los años 60.

√ El agua dulce existente en la isla contiene mercurio. En contacto con el agua salada causa una coloración amarilla, semejante al color de los panales.

Uno de los placeres más lindos: pararse frente al mar.

√ Los indios Carijós que vivían en la región apreciaban mucho la miel de las abejas, lo que presupone que la actividad apícola en el lugar es antigua.

Valió la pena caminar bajo el sol y en ojotas. Legamos a la Fortaleza!

Vista del mar desde una de sus terrazas.

La entrada a la fortaleza desde el mar.

Más allá de cualquier de estas 4 teorías la Ilha do Mel es realmente increíble. Seguimos su consejo y a pesar de que llovía un poco continuamos por un sendero que sale detrás de unos cañones hasta un mirador. Desde acá arriba esta es la magnífica vista que encontramos.

Seguimos los consejos del guardia y subimos al mirador de la fortaleza. No nos arrepentimos.

Me gustaría que esta fuera la puerta de mi casa.

La tarde del primer día la dedicamos a caminar por otras playas de nombres como Playa Grande, Nueva Brasilia, Playa de Fora y Playa Farol, justamente donde se encuentra otra de sus atracciones. Desde el farol, en realidad, unos metros más abajo, donde las piedras se hacen amigas de la naturaleza, uno se puede sentar a contemplar gran parte de la isla y su formación. Desde acá se ven tres playas que parecieran no tener fin. Al menos ese jueves no había ni una sola persona, por lo que contemplar este paisaje sin nadie fue un regalo extra.

El faro de la Ilha do Mel, o un encuentro con la tranquilidad.

No caben las palabras cuando uno quiere describir un lugar como este.

No sé cómo será recorrer este lugar durante los fines de semana. Dicen que se llena, que muchas familias vienen a buscar descanso, pero al menos cuando fuimos sentimos que era una puerta a la paz. Esa tranquilidad donde el sonido del viento, del mar y algunos insectos son los protagonistas.

Alquilen bici, nosotros nos arrepentimos de no usarlas, a pesar de que caminar estuvo lindo.

Playa Fortaleza, un camino de 5 km con esta increíble vegetación.

Por si quieren ir les dejo un poco de información: el pasaje en barco cuesta 35 reales ida y vuelta. Se puede comer muy bien desde 20 reales por persona. En cuanto al hospedaje se consiguen lindos cuartos desde 250 reales. Si querés conocer cómo fue pasar año nuevo en Guaratuba hacé clic ACÁ.

Les dejo este mapa de la isla para que se orienten:

La isla de miel, con sus playas y atracciones principales

Info útil

Nosotros nos hospedamos por cortesía en el Grajagan Surf Resort, ubicado en Playa Grande. Las habitaciones con vista al mar son un privilegio y la pizza con palmitos está muy buena.

Impecable vista del mar desde uno de los deck del Grajagan Surf Resort